Buenas tardes y gracias por acompañarnos.
La pandemia de COVID-19 fue la crisis mundial de salud más grave en un siglo.
Mató al menos 20 millones de personas y arrasó más de USD 10 billones de la economía mundial.
Expuso las fallas en la seguridad sanitaria mundial y las agravó.
Enseñó al mundo muchas lecciones dolorosas.
Es esencial aprender esas lecciones, porque no se trata de si habrá otra pandemia, sino de cuándo la habrá.
La epidemia de ébola en curso en la República Democrática del Congo nos recuerda que un brote puede comenzar en cualquier lugar, en cualquier momento, y amenazar no solo a las comunidades locales, sino también a los países vecinos y el mundo en general.
El brote de hantavirus a bordo del Hondius fue otra demostración reciente de la necesidad de una respuesta internacional a una amenaza internacional.
Gracias a la cooperación de muchos países y asociados –especialmente España– se controló y contuvo el brote.
Durante la pandemia de COVID-19 y posteriormente, la OMS estableció 12 iniciativas fundamentales para fortalecer la seguridad sanitaria mundial, en seis ámbitos:
para fortalecer las capacidades nacionales, el Fondo contra Pandemias junto con el Banco Mundial y el Examen Universal de la Salud y la Preparación;
para fortalecer las funciones de vigilancia y alerta temprana, el Centro de Información de la OMS sobre Pandemias y Epidemias, en Berlín;
para mejorar el acceso equitativo a las vacunas y otras herramientas, el Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la COVID-19 y COVAX; la red provisional de contramedidas médicas; el Programa de Transferencia de Tecnología de ARNm, en Sudáfrica, y la Iniciativa Mundial para la Formación de Personal en Bioproducción, en la República de Corea;
para fomentar el intercambio internacional de muestras de patógenos, el BioHub de la OMS en Suiza;
para fortalecer la capacidad de respuesta internacional, el Cuerpo Mundial para Emergencias Sanitarias;
y para fortalecer el marco jurídico internacional que rige la prevención, preparación y respuesta frente a pandemias, nuestros Estados Miembros adoptaron en 2024 un conjunto de enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional;
y, por supuesto, el año pasado adoptaron el adoptaron el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, un instrumento de referencia del derecho internacional.
La pieza que falta en el rompecabezas es el Sistema de Acceso a los Patógenos y Participación en los Beneficios, que los países continúan negociando.
Aunque persisten diferencias, confío en que los países encontrarán puntos en común, como hicieron con el propio Acuerdo.
Es esencial que así sea, a fin de que el proceso de ratificación del Acuerdo pueda iniciarse para su entrada en vigor.
Seguimos constatando desinformación e información errónea considerables sobre el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, con afirmaciones falsas de que es una «apropiación de poder» que cede soberanía a la OMS.
Es totalmente falso. El Acuerdo sobre Pandemias fue redactado, negociado y adoptado por países soberanos que actuaban en su propio interés nacional.
Porque se dan cuenta de que una amenaza común exige una respuesta común. Que cada país solo barra para casa no funcionará.
Esa misma convicción es la base de la declaración política que los países debaten hoy en la reunión de alto nivel.
La declaración incluye importantes compromisos con acciones concretas, mensurables y urgentes para abordar las deficiencias.
La OMS agradece a los Estados Miembros su compromiso, y especialmente a los Copresidentes, de Armenia y Rwanda, su liderazgo en las negociaciones.
Tenemos la esperanza de que se adopte y de apoyar a todos los países para que cumplan los compromisos asumidos.
Muchas gracias y aguardamos con interés sus preguntas.